La era de la fiebre: una parábola primitivista

fever

Por Jeriah Bowser.

Hace mucho tiempo atrás, había una Gran Roca que viajaba a gran velocidad a través del espacio. Las condiciones en la superficie de esta Roca eran justamente las indicadas para permitir que varias formas de vida florecieran y evolucionaran, y así lo hicieron. Muchas, muchas formas peculiares de vida empezaron a explorar y a encontrar su rol único en la Gran Roca. Algunas formas de vida eran muy pequeñas y encontraron su nicho en descomponer la materia orgánica y mantener los procesos de la vida a una escala muy pequeña. Estas llegaron a ser conocidas como Hongos, Bacterias, Protozoos, Algas y otros. Otras formas de vida eligieron pasar su vida en un solo lugar y tener un rol de traer a la superficie los minerales desde muy profundo de la tierra de la Gran Roca, convirtiendo la energía del sol en frutas y semillas con las cuales alimentar a otros, dando un recurso invaluable a cualquiera que pudiera necesitar la sombra del sol, una rama para anidar o una hoja bajo la cual formar un caparazón. Estos llegaron a ser conocidos como la gente Planta , y su especie se expandió a lo largo y ancho de la Gran Roca; algunos viviendo por miles de años y otros por sólo un año; algunos escalando cientos de metros hacia el cielo, y otros viviendo humildemente bajo el océano; algunos crecieron anchos y fuertes, mientras otros eran delgados y flexibles. Otras formas de vida pasaron a ser móviles y decidieron pasar su vida recorriendo la superficie de la Roca sobre extremidades, alas y aletas. Estas se hicieron conocidas como la gente Animal, y su variedad era increíble. Algunos animales eran muy pequeños y vivían vidas cortas en túneles en el suelo, otros se alzaron al cielo y vivían en la cumbre de las montañas, otros tomaron el agua y exploraron los grandes mares con sus conchas gigantes, a algunos les crecieron cuellos con los cuales podían comer hojas de los árboles altos, y aún otros desarrollaron músculos fuertes y dientes con los cuales matar y comer otros Animales.

Era una sorprendente orquesta de vida. Un mundo entero hecho de criaturas únicas y variadas que de alguna forma trabajaron todas juntas y encontraron un rol y un propósito en la superficie de la Gran Roca que ellos llamaron Madre. Esto funcionó solo porque todos ellos observaron la única Noble Verdad: la Verdad de la Conexión. Esta Verdad declara que lo qué te pasa a ti también es lo que me pasa a mi. Lo que es malo para ti, lo es también para mi. Lo que le pasa a un pequeño Protozoo en una remota isla es lo que le pasa a un loro papagayo en la jungla, es lo que le pasa a una flor amarilla en el bosque lluvioso, es lo que le pasa al Océano, es lo que le pasa al Aire, es lo que le pasa al pequeño Protozoo. Toda la vida en la Gran Roca está conectada, de una forma física y metafísica. Esto no significa que no pueda haber matanza, muerte y tristeza, ya que todas son un parte integral de la vida en la Roca. Esto significa que todas las formas de vida, desde el pequeño Zooplacton, el Zorro y hasta la majestuosa Gran Sequoya, están constantemente concientes de su rol y función en la red de vida conocida como Ecosistema. Observando esta Noble Verdad, la Gran Roca Madre y todos sus habitantes vivieron apaciblemente por mucho, mucho tiempo … algunos dicen millones y millones de años.

Entonces, un día, cerca de 12.000 años atrás, un pequeño e inteligente animal de aspecto particularmente chistoso conocido como Humano, tuvo una particular y brillante idea: pensó que podía mejorar sus condiciones un poco, quebrantando la Noble Verdad y tomando algunas pocas gente Planta: Lino, Cebada, Trigo, Lentejas, Alverjas y Garbanzos, a la fuerza las cultivó alrededor del lugar donde los humanos vivían. En aquel tiempo pareció como un inocente experimento, ya que los humanos no eran lo suficiente inteligentes para darse cuenta de la horrible cadena de eventos que habían provocado. La gente Planta trató de advertir a los Humanos, pero los Humanos no escucharían. La tierra trató de advertir a los Humanos, pero estos no escucharían. Incluso el suelo estaba cansado y ya no podía dar más, incluso cuando el Río paró de fluir y secó la tierra, incluso cuando la Gran Roca Madre comenzó a enfermarse por la salinización y el agotamiento del terreno superior, el testarudo pequeño simio sin pelos no escucharía. Solo cuando la humanidad no fue capaz de vivir en el lugar donde había comenzado su terrible experimento – debido a la desertificación de su anterior paraíso – se dieron cuenta de que algo podría estar mal. En vez de abandonar su fatídico experimento, simplemente se mudaron a un lugar más sano de la superficie de la Roca  para repetir todo el proceso nuevamente. La Gran Roca esperaba que la Humanidad abandonara su temerario esfuerzo pronto, y luego supo que los Humanos debían aprender la difícil lección por si mismos. Los Humanos habían olvidado la única Noble Verdad y habían aceptado la única Gran Mentira: la Mentira de la Desconexión. Y así, la Gran Roca Madre, la gente Planta, el Agua, el Aire, la otra gente Animal, y todas las formas de vida en la superficie de la Roca fueron tomadas involuntariamente como víctimas mientras este tonto y peligroso experimento se desarrollaba.

Una vez que la Humanidad aceptó la Mentira de la Desconexión con la Gente Planta a través del proceso de la agricultura, les fue más fácil aceptar la mentira con respecto a la otra Gente Animal, el Agua, el Aire, el Suelo y finalmente con ellos mismos. La Humanidad se volvió progresivamente intoxicada con la noción de la Desconexión y la Superioridad con el resto de los habitantes de la Gran Roca, y debido a su astucia, inventó varias formas de llevar a cabo su teoría de la jeraquización.  Los Humanos machos se creyeron superiores a los Humanos femeninos, los Humanos que tenían más granos y herramientas se creyeron superiores a aquellos que tenían menos, los Humanos que tenían piel más clara se creyeron superiores a aquellos de piel más oscura, y los animales Humanos como un todo creyeron que los otros animales y la gente Planta eran menos importantes que ellos. Este patrón continuó por miles y miles de años, y así fue como los Humanos que creyeron la Gran Mentira mataron y esclavizaron al resto de los Humanos que no habían quebrantado la única Noble Verdad, mataron y esclavizaron a mucha gente Animal y Planta, y lentamente empezaron a matar a la Gran Roca Madre misma. Enormes expansiones de tierra que una vez fueron fértiles hábitats para las muchas miles de formas de vida gradualmente se convirtieron en estériles Desiertos; grandes expansiones de Agua llamadas Ríos se secaron y desaparecieron; enormes Bosques fueron talados y quemados o transformados en herramientas de destrucción; y muchos hermosos Animales y Plantas fueron innecesariamente aniquilados. La Humanidad había creado un monstruo insaciable que continuamente se alimentaba de la abundancia de la Gran Roca. Gradualmente, la Humanidad le volvió la espalda a su gran Madre. Así cómo tomaron de la Gran Roca sin rendirle honor a la única Noble Verdad, ellos dejaron de ser un miembro contribuyente para el todo y por el contrario, se volvieron un Parásito – un organismo que recibe vida de un anfitrión sin dar nada a cambio. La Humanidad creó un Gran Monstruo que tomó vida por si sólo, que no podía ser detenido ni saciado – y ellos lo llamaron la Gran Bestia “Imperio”.

El parásito – la Gran Bestia Imperio – creció hasta que alcanzó los límites de los grandes Océanos, aún así no estaba satisfecha con eso. La Bestia construyó grandes barcos a partir de gente Planta muerta y exploró los océanos hasta que encontró nuevas, sanas partes de la Gran Roca para devorar. Hubieron muchas grandes guerras donde diferentes jefes de la Gran Bestia Imperio se atacarían los unos a los otros, dándose cuenta de que los recursos de Aire, Agua, Suelo, y gente Planta y Animal estaban lentamente desapareciendo; dándose cuenta de que no habían suficientes lugares disponibles si continuaban de esa forma, si seguían en el sendero de la desconexión, si seguían creyendo en la Gran Mentira.

Como la cantidad de suelo sano se hizó más escaso, como la Gran Roca quedó reutilizada más y más rápidamente, la Gran Bestia se desesperó más en su intento de alimentarse, entretenerse y saciarse a sí misma. El estómago de la Bestia era enorme: podía comer de cientos de miles de gente Animal y Planta cada día mientras bebía y secaba Ríos enteros. Grandes expansiones de Bosques y tierras de pasto fértil fueron consumidas en unos pocos años, y enormes Montañas fueron niveladas y digeridas. La Bestia tenía un particular cariño por el Petróleo, un fluido vital de la Gran Roca, y comenzó a consumirlo a un alarmante proporción, lanzando enormes nubes de gases venenosos y expeliendo ríos de desechos tóxicos. Algunos Humanos vieron la tontería y la destrucción de la Bestia y trataron de detenerla, pero ellos fueron asesinados o silenciados por los otros. Algunos Humanos – los pocos viejos que quedaban que nunca habían creído la Gran Mentira y recordaban la única Noble Verdad – trataron de advertirle al resto recordándole a la Humanidad el acuerdo que todos teníamos con la Gran Roca, pero ellos también fueron asesinados y silenciados por la Bestia.

Lentamente, y con gran tristeza, la Gran Roca se dió cuenta de que estaba muriendo. Su hijo, el Humano, se había alejado, había quebrantado la única Noble Verdad, y la estaba lentamente matando. El parásito de la Gran Bestia Imperio se estaba haciendo más fuerte cada día. La Gran Roca Madre le había dado a la Humanidad miles de años regresar a la Noble Verdad, miles de años para darse cuenta de su error y regresar a las antiguas formas de vida en armonía y respeto con el resto de los habitantes viviendo en la superficie de la Roca. La Gran Roca había enviado muchos mensajeros: algunos mensajeros Humanos, algunos mensajeros no – Humanos, algunos mensajeros Plantas, algunos mensajeros del Aire, Agua y el suelo, pero nadie escuchó. Lamentablemente, muchos de los mensajeros, los grandes profesores y profetas de lo antiguo, fueron muertos y sus enseñanzas fueron distorsionadas para reforzar la lógica del Imperio. La Gran Madre Roca trató de visitar a los Humanos en sueños, trató de hablarles directamente a través de la conexión espiritual, pero los Humanos siempre estaban distraídos con el fascinante despliegue de dispositivos y juguetes del Imperio o la dificultad de sobrevivir en el cruel mundo liderado por la Bestia. La Gran Roca Madre estaba enferma, nadie la estaba cuidando.

Como muchos de sus hijos Animales, cuando la Gran Roca Madre se enfermó con el virus parásito, ella naturalmente empezó a combatirlo elevando su temperatura corporal lo suficiente para matar al virus y devolver su cuerpo a su estado saludable. Esta fue conocida como la Era de la Fiebre. La temperatura de la Fiebre tuvo que ser aumentada lo suficiente para eliminar completamente cualquier señal del parásito, y por lo tanto, tristemente, mató a muchas cosas vivientes a su paso. La Era de la Fiebre fue una época terrible para todos los seres que vivían en la superficie de la Gran Roca, ya que hubo gran sufrimiento y pérdida. Muchas especies de la gente Animal y Planta murieron, y el cuerpo de la Gran Roca soportó muchas heridas profundas y cicatrices de los efectos de la Fiebre. Cuando la Era de la Fiebre había finalmente pasado y la Gran Bestia parasítica del Imperio se había muerto, la hora de la sanación y la restauración comenzó. Los pocos miembros sobrevivientes de la Humanidad retornaron a la única Noble Verdad y se dieron cuenta del terrible error que habían cometido. Ellos volvieron a las antiguas formas y una vez más vivieron en paz con la Gran Madre Roca y todos sus hijos, aunque ellos nunca, nunca olvidaron la lección que habían aprendido y el terrible precio que el mundo había pagado por culpa de ellos para aprender la lección.

Ahora mismo, estamos entrando en la Era de la Fiebre. La temperatura en la superficie del planeta está aumentado exponencialmente. El aumento en la cantidad de calor en los océanos en los últimos treinta años alcanza a 17 x 1022 Joules. La medida de calor es igual a explotar un bomba de Hiroshima en el océano por los últimos treinta años. Promediando todas las superficies de tierra y océanos durante los últimos 134 años, la temperatura global ha aumentado difícilmente 1.53º F (0.85° C), y aún esta aumentando a una tasa cada vez más alarmante. El incremento de las temperaturas globales está acelerando el derretimiento de los glaciares y las capas polares, muchos de los cuales alimentan los ríos más grandes del mundo. El grosor de la capa de hielo Artico ha disminuido 40% desde finales de 1960. Los grandes glaciares del Himalaya que alimentan tan grandes ríos como el Indus, el Brahmaputra, el Mekong, el Yangtze, el Amarillo, y el Ganges, se están rápidamente derritiendo y podrían parar de mantener el flujo anual tan temprano como en el 2035. El porcentaje del área de tierra del planeta golpeado por serias sequías se ha más que doblado desde 1970 hasta principios del 2000 debido a la creciente evaporación causada por el aumento de la temperatura. No hay duda de que hemos afectado seriamente la temperatura del planeta gracias a la Civilización Industrial y sus varios derivados.

Sin embargo, no creo que este sea el final. Contrario al final y al nacimiento de los escenarios apocalípticos presentados por muchos, y la optimista opción “compre cosas ecológicas y salve el planeta” presentada por otros, creo que nosotros como especie necesitamos afrontar la fría y dura realidad de que hemos rechazado la única Noble Verdad y nos hemos adentrado profundamente a un mundo de desconexión, destrucción y muerte. Hemos pasado de una relación simbiótica con nuestro anfitrión a una relación parasítica, y el anfitrión es mucho más fuerte que nosotros. Creo, trágicamente, que casi no hay esperanza de cambiar el rumbo de las ruedas del Imperio. Muchos han tratado, y aún es más fuerte hoy que nunca.

Aún, en vez de levantar los brazos y “rendirse”, necesitamos alejarnos de la lógica del Imperio, dejar ir nuestro desconectado y lineal concepto del tiempo y regresar a las antiguas formas aceptando la visión cíclica y holística del tiempo, como es vista por los pocos sobrevivientes del Imperio en el mundo hoy en día – las personas indígenas del mundo. Desde los Hopi hasta los San, desde los Tarahumara hasta los Yanomami, desde los Zapotec hasta los Bororo, desde los Oirats hasta los Jarawa, estos pocos especímenes que permanecen de una era antigua hablan con una sola voz cuando revelan su sabiduría ancestral, profecías y advertencias al resto de la humanidad. Ellos uniformemente hablan de una próxima era de destrucción, muerte, sufrimiento, y fiebre la cual debemos atravesar para limpiarnos a nosotros mismos del parásito conocido por varios nombres como Imperio, Civilización, Jerarquía, Agricultura, Dominación, Explotación, Patriarcado, Capitalismo, Fascismo, Racismo, Sexismo, Genocidio, Ecocidio, Etnocidio, y finalmente, Desconexión.

Aquellos de nosotros dispuestos a escuchar las advertencias ancestrales debemos prepararnos así también como cualquiera que escuche de esta era que se aproxima. Debemos estar dispuestos a entrar en el calor de la Gran Fiebre y dejarla purificarnos de cualquier noción de las antiguas formas, así como la Humanidad una vez más entra  en los brazos de la Gran Roca Madre llamada Tierra y reaprende cómo seguir la única Noble Verdad tratando a toda la vida con respeto, reverencia, interdependencia y humildad. La Gran Mentira de la Desconexión debe morir, y la Gran Fiebre debe continuar hasta que el pequeño e inteligente animal de apariencia chistosa llamado Humano deseche su experimento de 12000 años con el Imperio y humildemente regrese a vivir en la superficie de la gran Roca viajando a gran velocidad a través del espacio.

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